El Diego

El Diego”

 

Esta historia comienza cuando una joven, hermosa y luchadora, a la que llamaban “Argentina” conoció a “Pueblo”, un hombre con gran sentido del trabajo y la responsabilidad, que supo conquistar su corazón  con esa alegría que jamás lo abandonaba, ni siquiera en los peores momentos, y vaya si vivió malos momentos, pero saben que, estos le formaron una coraza que lo ayudaba a soportar las adversidades.

Bueno sigamos con la historia, ellos se conocieron muy jóvenes y desde entonces han crecido juntos, enfrentaron miserias, violencia, miedos que hicieron esta unión indestructible. Ambos pagaron por los errores y festejaron en los momentos de gloria.

Tanto “Argentina” como “Pueblo” señalaban como el día mas feliz de su vida cuando nació su hijo, “el Diego”, así lo llamaban.”El Diego” había heredado de su padre la simpleza, las garras, la facilidad para ser feliz en cualquier circunstancia, y la voluntad.

De su madre tenia el espíritu de lucha, la vélelas que enamora, esa que va mas allá de la perfección, la que se ve con el alma “carisma” le dicen, este don que permite que te amen y acepten como sos.

“el Diego” amaba profundamente a su madre y solo quería hacerla feliz, pero como, que podía hacer él para que “Argentina” fuera feliz, era muy chico y su único capital era una humilde pelota que le había regalado “Pueblo”, claro que a la pelota solo le faltaba hablar, se entendían a la perfección con “el Diego”. Daba gusto verlos correr por el potrero, parecía que danzaban al ritmo del viento, el la llevaba con sus piernas pero la guiaba con los ojos, no había rival que pudiera cortar esta comunión.

Papá “Pueblo” comenzó a acompañarlo a la cancha, es que era maravilloso ver a su hijo jugar, el rostro se le transformaba, parecía que su vida comenzaba y terminaba en ese momento, lo veía correr buscando la meta, no era un jugador común, cuando el tenia la pelota el tiempo se detenía, ya no importaba el rival, el lugar, ni siquiera el color de la camiseta que vestía, era el y su romance con la pelota.

Un día mientras esperaba que el arbitro de la orden para comenzar el partido “el Diego” vio el rostro de “pueblo”, estaba feliz, eufórico, salta y gritaba a pesar de haber trabajado durante todo el día, apenas había tenido tiempo de tomarse un café con leche antes de correr el colectivo para acompañarlo a la cancha, pero ahí estaba lleno de energía y esperanza.

Entonces “el Diego” se dio cuenta que si “Pueblo” era feliz de esta forma, también lo podía ser “Argentina”, y anhelo jugar un DIA para ella, y que desde su mano conociera la gloria.

Y así fue que un día vestido de celeste y blanco, los colores de su madre, y con su inseparable amiga la pelota, salio al campo de juego, ya no solo quería divertirse, ahora deseaba hacer feliz, un toque……una gambeta……..algún caño…..ese pique en los últimos metros……la zurda que terminaba colocando la pelota contra la red………..después la alegría……que alegría….y en la tribuna “la Argentina”y “el Pueblo”(así le gustaba llamarlo al Diego) abrazándose.

Desde entonces, cada vez que “el Diego” pisa una cancha, siempre esta “el Pueblo acompañándolo y “la Argentina” feliz.

 

 

                                                          SOLEDAD S ERCORECA