"El placer de ser de Boca"

"El placer de ser de Boca"

Tengo el placer de explicar a todos los que ingresen en esta página lo que para un hincha de Boca significa Diego Maradona. Ese hombre que, jugando para Argentinos Juniors, confesó ser fanático de Boca y que uno de sus ídolos futbolísticos era Angel Clemente Rojas, quien en la década del 60 maravilló con sus gambetas a la hinchada más numerosa del mundo. También fue él quien, en aquel inolvidable año 81, llevó a los xeneises hasta los más alto.
Junto a Brindisi, Gatti, Alves, Trobiani, Escudero (compañero en el juvenil del 79), Ruggeri y otros valiosos nombres, repartió pasión y alegría en cada cancha argentina donde le tocó jugar. Dio la vuelta olímpica en una Bombonera repleta, el mismo día que su querido Argentinos Juniors se salvaba del descenso un año después de haber salido subcampeón. Era lógico, La Paternal lo extrañaba mucho, pero Diego necesitaba la gran vidriera que le dio Boca para saltar al fútbol europeo y ponerse la corona en ese viejo continente.
A partir de ahí quedó para siempre en el corazón del hincha xeneise y siempre que tenía la oportunidad, aparecía en la tribuna bajo el grito "Maradooo, Maradooo" de la gente. Boca lo pagó muy caro y después de su partida al Barcelona sufrió una grave crisis económica. Nada de eso importó porque Diego prometía terminar su carrera con la camiseta azul y oro. Así fue.
Después de 15 meses de suspensión por un dudoso doping, el 10 más famoso entró nuevamente por el tunel para provocar el delirio de toda la gente. Fue en octubre de 1995 contra Colón de Santa Fe. Con un equipazo donde estaba Verón, Caniggia y Navarro Montoya intentó salir campeón de nuevo. No pudo ser esta vez, pero el amor sigue intacto. Dijo adios el día de su cumpleaños número 37 después de ganarle a River. A propósito del club de Nuñez: siempre le hizo goles y para el hincha de Boca, aquella lluviosa noche de 1981, cuando con su gambeta desparramó a Fillol y a Tarantini en el arco que da a la 12, quedará en la retina para siempre. Con su magia nos guradó a todos en su bolsillo.
En la actualidad se compró un palco de por vida en la mejor ubicación del estadio y cada vez que Boca juega de local, se lo puede ver gritando y alentando como cualquier hincha. Los jugadores saben que está ahí y le dedican los goles y los triunfos. Llega a la Bombonera y La 12 estalla gritando su apellido. También compró una bandera gigante y se la regaló a la popular para que la despliegue antes de cada encuentro. Diego da orgullo.

Diego es Boca y Boca es Diego. Nada más grandioso que poder decir que el mejor jugador del mundo de toda la historia del fútbol se hizo grande con los colores que más quiero. Eso se llama placer. Gracias otra vez.
Leandro Zanoni

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