COMO EL DIEGO, SEÑOR

Señor, te pedimos perdón,
Por tanta hipocresía que nos desborda,
Por tantos moralistas de salón
Que jamás conocieron el hambre ni el barro.
Señor, te pedimos perdón en nombre de ellos
Porque son tan soberbios que nos dan cátedra
Y nos condenan de antemano
mandándonos al infierno que seguro es el Paraíso.

Ellos son los dueños del oro, de la ética,
Y de los falsos ejemplos que nos quitan identidad.
Ellos hablan desde los palcos y nos señalan,
nos marcan, nos difaman. 

No tienen vergüenza.
No les interesan los chicos de la calle,
Las madres solteras,
Los excluidos y desocupados,
Los pobres de toda pobreza,
Los enfermos terminales,
Los presos...

A ellos sólo les interesan sus riquezas
Y el poder para andar impunes.
A nosotros nos importa el amor,
La alegría del pueblo,
La bandera azul y blanca, 
Y la rebeldía revolucionaria.

Señor, te pedimos siempre perdón,
A cada instante, en todo momento.
Nos tuteamos con vos,
Sin faltarte el respeto.
No te tenemos miedo, Señor,
Aunque sentimos tu mirada de luz.

Cristo vino a salvar a los pecadores,
A darnos un abrazo más allá de nuestra condición social.
Cristo es acción solidaria
Y no una cifra de padrenuestros y avemarías.
Cristo no se disfrazó de monje triste y austero.
No hizo circo.
No aconsejó en vano.
Cristo es tu rostro divino hecho carne, Señor,
Que se mezcló con publicanos, prostitutas y perdidos.
¿Por qué no lo imitan sus seguidores?

Señor, queremos ser libres de verdad.
Queremos vivir de verdad.
Queremos que nos ayudes,
Que nos hagas creativos, audaces,
indomables, buenas personas.

Señor, con toda humildad te pedimos
Que seamos como el Diego,
Que recorramos el mundo
Dibujando gambetas al mal,
Despertando felicidad en los humildes,
Bailando hasta el amanecer
Con la música del Potro Rodrigo
Que anda de viaje por tus pagos.

Te suplicamos, Señor,
que nos dejes saltar el muro
y reventemos en paz las canchas
con pibes atorrantes y familias enteras,
y que repitamos el gol,
tu gol mágico, el de todos,
con la mano del Diego
y el corazón a full.

Frente a los oligarcas,
la calle sigue siendo nuestra.
De nosotros, los cabecitas negras, Señor.

Sí, mil veces nosotros, los de abajo:
Incorregibles,
Soñadores,
Eternos...

Amén.


HORACIO POGGI
poggi@ciudad.com.ar
Buenos Aires, Argentina.