Oda a Maradona

dicen que en los cementerios

escribían “no saben

por dios lo que se pierden” lo que hay

dicen que los linyeras despertaban

y tiraban el vino en la última gambeteada

que en el 86

este villerito dio.

 

Yo descubría la patria

cada vez, cada vez más

no por la merca que tomaba

(yo la consigo más barata

en la esquina

con el Flaco Alpargata.)

 

El gordo escapado de algún malón pampa

sabe

que la poesía es el ritmo

de curtir experiencia

con sentimientos ajenos.

 

Los negros lo quieren no por lo que ganó

nadie confía en los que ganan

cualquiera es premio nobel

presidente de la nación

proxeneta campeón,

 

todos rubios universitarios

con campos autos televisión

con caras de

“me llevo tu vuelto” “terminó la función”.

 

Los negros lo quieren

pudo

ser el griego broncíneo

de La edad de Oro ganar,

pero por dentro

lo llamaba una patria castigada

(se llama:

merca mala.)

 

//no saben cómo me rompe las pelotas

este continente

que quiere solo indios fracasados,

yo quería aire acondicionado

para el verano.//

 

Yo quise jugar como él

pero solo por las minas

la plata y poder cagar

a la hinchada,

 

lloré casi

(llorar es de puto

yo no lloro:

tengo diarrea)

cuando

en la televisión lo vi

muriendo.

 

Mi mujer me grita

(yo no escribo este poema)

porque estoy todo el día

en la cama

pero

todo escritor vive en su cama

yo quiero ser un héroe entre las sábanas

del Nilo,

pero salí de la cama vago:

conseguí trabajo.

 

Mi mujer no entiende a los poetas

dice que por eso no trabajo

me gasto los mango en los puchos

para estos versos

mal medidos,

 

pero el gordo sí que sabía

de poesía

por eso gasto mis últimos mangos

en la cama escribiendo

versos al pedo,

 

mientras me imagino en el potrero

esquivando

desparramando por el barro

a los vagos,

gambeteando las piedras

y me sale el arquero adelantado

y se la pico con la zurda

y ya la patada del defensor

no me duele

porque del piso

y con la cara escrachada

por una piedra,

abierta, veo

el ojo mocho

ensangrentado

veo

la pelota picando

pasando los dos palos

que hacen de arco,

 

ahora sí, decime vago.-

 

 

 








Mariano Dubin